Más Sociedad Civil para Chile

2 de octubre, 2017 - Ignacio Irarrázaval · Voces La Tercera

Más del 95% de los chilenos ha escuchado hablar de al menos una Organización de la Sociedad Civil, quizá no bajo ese concepto, pero sí entendida como clubes deportivos, centros de padres, juntas de vecinos o fundaciones y asociaciones que prestan servicios sociales.

Por otra parte, en un contexto de alta desconfianza ciudadana hacia casi todo tipo de instituciones públicas, religiosas y empresariales, es muy notable que el 70% de las personas le otorgue una alta valoración a este tipo de organizaciones. Este dato es solo una parte de la evidencia que el proyecto Sociedad en Acción, del Centro de Políticas Públicas UC y Fundación Chile+Hoy, ha sacado a la luz sobre este sector, que en nuestro país se compone de más de 230.000 organizaciones que desarrollan actividades en educación, cultura, desarrollo social, medioambiente y salud, entre otras.

El año 2015 representaron el 2,1% del PIB de Chile, movilizando una fuerza laboral equivalente al 3,6% de la población económicamente activa, reflejando su importante dinamismo económico y con un crecimiento notorio en la última década, a una tasa superior a la del propio PIB. Por estos días, este estudio cierra más de dos años de investigación con la publicación de un libro que entrega una radiografía completa de este sector y que levanta una serie de desafíos para su desarrollo futuro.

Si miramos a la región y el contexto internacional, se vislumbran grandes retos para que la sociedad civil chilena crezca y pueda desplegar todo su potencial de aporte al desarrollo integral del país. El estudio realizado en el marco de Sociedad en Acción, bajo el alero de la Universidad Johns Hopkins, permite el análisis comparado y el resultado no es muy alentador. Por una parte, se observa que el tamaño de la sociedad civil chilena es considerable en el contexto latinoamericano, pero si nos medimos con países que tiene un desarrollo económico similar, se constata que nuestro sector sin fines de lucro tiene una magnitud muy inferior a lo esperado para nuestro nivel. Para ilustrar mejor el caso, países como Irlanda y Portugal, que según el Banco Mundial estarían en un status de desarrollo similar al de Chile, tienen un tamaño de la sociedad civil mucho más extendido. Por lo tanto, a pesar del dinamismo, creatividad y valoración que la sociedad civil tiene en nuestro país, y que ha permitido constatar esta investigación, todavía es un actor relevante que debe potenciarse.

Hay al menos cuatro ámbitos a partir de los cuales se podría impulsar este sector. En primer lugar se necesita reconocer transversalmente la contribución que estas organizaciones hacen a través de la entrega de bienes y servicios a la población. Esto significa tomarlas mucho más en consideración al momento de definir estrategias para abordar los problemas públicos. En segundo lugar, y dado que son autónomas, pero colaboran en la implementación directa de políticas públicas, se requiere una relación mucho más simétrica con el Estado, tanto a nivel nacional como local, para aprovechar mejor la evidencia práctica que ellas están generando. En tercer lugar, si bien estas organizaciones gozan de una alta valoración de la ciudadanía, deben desarrollarse procesos que ayuden a resguardar la fe pública en ellas. Finalmente, en relación al financiamiento de este sector, se requiere mantener un adecuado equilibrio entre las distintas fuentes de ingresos. Al igual que en todo el mundo, se requieren aportes del Estado, pero estos deben ser otorgados en un contexto de autonomía y no imponer condiciones exageradas o arbitrarias que lleven a una captura de intereses. Por otra parte, también son importantes los ingresos propios que generan, por los servicios que prestan, pero debe cuidarse que esto no termine en una mercantilización. Finalmente se requiere un creciente aporte desde las donaciones, que si bien pueden ser proporcionalmente menores como fuente de financiamiento, estas contribuyen a asegurar más independencia en su actuar.

Chile tiene una gran sociedad civil pero aún está a mitad de camino de acuerdo a su nivel de desarrollo; es necesario avanzar destrabando algunas de los aspectos mencionados que pueden estar limitando su despliegue pleno. La evidencia internacional, pero sobre todo, la oportunidad que la investigación nos abre para observar su trayectoria, importancia económica, social y valoración ciudadana, ilumina el rumbo que debiese abordar la política pública para darle mayor protagonismo como un actor clave en el crecimiento integral de nuestro país.

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