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La Tercera

Columnista

Ignacio Irarrázaval

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Fukuyama y las identidades de Chile

9 de mayo, 2019

Esta semana estuvo de visita en Chile el conocido politólogo estadounidense Francis Fukuyama, quien en su reciente libro “Identidad” plantea la relevancia de las nuevas demandas identitarias de la sociedad. Ideas como raza, género, etnia y religión se han establecido por sobre una noción más amplia e inclusiva: la de los ciudadanos comunes y corrientes. Se configura así un escenario en que se marcha para pedir el reconocimiento de la identidad de cada uno de estos segmentos sociales y, por otra parte, hay muchísimos ciudadanos “de a pie” que no entienden ni se inmiscuyen en estas tensiones y quedan invisibilizados fuera del acontecer político y social.

Según datos de la Encuesta Bicentenario UC 2018, el 75% de los chilenos declara estar muy de acuerdo y de acuerdo con la afirmación “tomando todo lo bueno y todo lo malo, me siento orgulloso de la historia de Chile”. Del mismo modo, el 71% declara que éste es el mejor país para vivir de América Latina. Si bien estas afirmaciones tienen una aceptación algo menor en jóvenes y personas del estrato socioeconómico alto, hay una muy alta valoración transversal de estas afirmaciones. Surge la duda respecto a cómo se podrían conjugar estos datos con planteamientos de personajes públicos como Camila Moreno que afirmó “me da vergüenza decir que vivo en Chile”.

¿Que identifica actualmente a los chilenos? Probablemente para un importante grupo de personas existe un sentido de pertenencia general a la patria, su bandera, el territorio; pero paralelamente cada vez más personas se sienten identificadas o movilizadas con más fuerza al ser parte de un colectivo más específico como la defensa de los derechos animales, la contención del cambio climático o el resguardo de un determinado lugar o espacio público.

Otro de los riesgos que refleja Fukuyama en su libro es el surgimiento de propuestas populistas que, centrándose en la victimización de estos pequeños grupos, piden el reconocimiento en desmedro de su pertenencia a la sociedad como un todo. Estas posiciones pueden llegar a desbordar los tradicionales ejes de derechas e izquierdas, pues la disputa política se concentra en estas preocupaciones más específicas y deja de lado la apelación a los intereses más simples del amplio electorado, fenómeno que podría explicar la elección de Trump en los Estados Unidos o del Brexit en Gran Bretaña.

¿Cuánto del diagnóstico de Fukuyama es aplicable a Chile? ¿Mucho, poco o nada? Es difícil hacer un paralelo directo con la realidad de Norteamérica o Europa, pero claramente hay elementos similares. Por ejemplo, la misma Encuesta Bicentenario muestra cómo se han ido endureciendo las actitudes hacia los inmigrantes; si bien la mayoría del país –particularmente el estrato alto– mantiene una actitud más bien receptiva hacia ellos, el estrato bajo y en alguna forma el medio, tienden a formular mayores aprehensiones respecto a que los migrantes pueden dificultar su acceso al trabajo.

Bajo diversos índices y mediciones socioeconómicas, Chile ha sido un país claramente exitoso en el contexto latinoamericano. Sin desconocer las dificultades que hemos debido sobrellevar, es importante poner por delante lo que nos une y lo que hemos avanzado y, desde ahí, caminar hacia el encuentro de las identidades que sin duda están aflorando en nuestro país.

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