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Opinión

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La Segunda

Columnista

Ignacio Irarrázaval

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Sin notas, pero con libertad

17 de septiembre, 2019

La Comisión de Educación del Senado aprobó un proyecto de ley cuyo objetivo es eliminar las notas de primero a cuarto básico, pues favorecería el desarrollo de evaluaciones cualitativas. De acuerdo con el senador Jaime Quintana –uno de los autores–, la moción pone acento en el desempeño, termina con el estrés de los estudiantes y evita la excesiva competencia. Ésta se complementa con otras creativas ideas que se ventilan en la Cámara Alta, como la que busca evitar el exceso de tareas escolares en el domicilio de los estudiantes, o la que se propone en la Cámara de Diputados que pretende regular el Reglamento de Promoción y Evaluación del Mineduc estableciendo, entre otros, la ponderación máxima que puede tener la evaluación final de una asignatura.

La semana pasada, aprovechando la visita a Londres para asistir al Chile Day, los senadores Quintana y Pugh, fueron a la mejor escuela pública de esa ciudad, la que no ocupa notas en sus primeros niveles. La importante conclusión fue que en Chile “estamos muy atrás en la discusión sobre cómo entregar educación de calidad para nuestros niños y niñas”. Lo cual es completamente cierto.

El Tollgate Primary School, que visitaron nuestros senadores, es parte del Boleyn Trust, una fundación sin fines de lucro que se financia con dineros estatales, lo que en Chile equivaldría a un colegio particular subvencionado. El colegio y la fundación son parte de una importante iniciativa que impulsó el gobierno de Inglaterra a partir del año 2010, que consiste en convertir a los colegios públicos en academias (School academies) que actualmente reúnen casi el 50% de la matrícula escolar de ese país. Las academias no sólo manejan su propio presupuesto, sino que también tienen autonomía para definir las condiciones laborales de sus profesores e incluso su propio currículum. Uno de los requisitos para operar bajo las condiciones de academia es que el colegio tenga un alto desempeño demostrado, lo cual les permite desarrollarse bajo amplios márgenes de libertad en la definición de los procesos pedagógicos, aunque siempre sujetos a la supervisión gubernamental de la oficina de estándares para la educación.

Cada escuela tiene sus propios desafíos, algunos provienen de la implementación del currículum y la normativa nacional, y otros provienen de su contexto, los niños que asisten, sus familias, las características de la dotación docente, entre otros. Lo que caracteriza a la mayoría de las escuelas de alto desempeño es tener un liderazgo efectivo y capacidad para innovar. En cada escuela hay cientos de decisiones estratégicas, como la modalidad y periodicidad de las evaluaciones, los horarios, la forma del trabajo en aula, el uso de las horas no lectivas y muchos otros. Más que reglamentar desde el Congreso Nacional cada uno de estos aspectos –lo que obviamente parece no sólo imposible, sino inapropiado–, convendría otorgar mayores atribuciones a los equipos directivos de escuela para que puedan asumir sus tareas y así cumplir con lo que la ley les mandata e ir mucho mas allá de esta.

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