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Margarita Greene, premio Abdón Cifuentes 2026: “El espacio que habitamos es parte fundamental de cómo vivimos, nos relacionamos y construimos comunidad”

12 Junio 2026


Margarita Greene no imaginó que terminaría dedicando su vida a la academia. Entró a estudiar Arquitectura en la UC siguiendo, en parte, los pasos de su madre, y siempre pensó que su camino estaría en el ejercicio profesional y el trabajo en terreno. Sin embargo, cerca de los 40 años, conversando con su socia, ambas se dieron cuenta de que ninguno de los proyectos que tenían sobre la mesa las entusiasmaba realmente. Mientras su amiga decidió estudiar Teatro, ella optó por matricularse en un magíster en Sociología, una decisión que cambiaría el rumbo de su carrera.

El interés por comprender la relación entre espacio y sociedad había estado presente desde sus primeros años como arquitecta. El paso por la sociología le permitió ampliar esa mirada y abordar preguntas que terminarían definiendo gran parte de su trabajo académico: cómo el entorno construido influye en la forma en que vivimos, nos relacionamos y construimos comunidad. Más que observar edificios o ciudades de manera aislada, Greene desarrolló una mirada socioespacial sobre los entornos urbanos: cómo el diseño de una calle, un barrio o un espacio público puede favorecer el encuentro, la integración o, por el contrario, profundizar la segregación.

Ingresó como académica a la Facultad de Arquitectura, Diseño y Estudios Urbanos UC en 1991, donde desde 2009 es profesora titular. Ha dirigido más de 50 tesis de magíster y doctorado, liderado más de veinte proyectos de investigación con financiamiento nacional e internacional y contribuido a la formación de generaciones de profesionales vinculados a la política pública y la gestión urbana.

Reconocida este año con el Premio Abdón Cifuentes, Greene ha dedicado su carrera al estudio de la vivienda social, los asentamientos informales y el desarrollo urbano sustentable en Chile, América Latina y Europa. Su trabajo ha influido en programas e intervenciones impulsados por organismos como ONU-Hábitat, el Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo, además de integrar actualmente el comité directivo de la World Urban Campaign de ONU-Hábitat y participar como asesora experta en el World Cities Report 2026. Para ella, la investigación cobra un sentido especial cuando logra dialogar con los problemas reales de las personas y aportar al diseño de mejores ciudades y políticas públicas.

¿De dónde nace su interés por vincular la investigación académica con las políticas públicas?

Creo que nace desde la propia arquitectura y el diseño urbano. Cuando entré a estudiar Arquitectura no tenía muy claro qué era realmente esta disciplina. Pero muy rápido me di cuenta del enorme efecto que tiene el entorno construido sobre las personas. Todo lo que hacemos ocurre en espacios construidos: nacemos, aprendemos, trabajamos, nos relacionamos, envejecemos. Y, sin embargo, muchas veces seguimos viendo la arquitectura como un objeto externo o telón de fondo, sin dimensionar que es parte intrínseca de nuestra vida cotidiana.

Con el tiempo fui descubriendo que esa relación entre espacio y sociedad era lo que más me interesaba. Tuve mentores que me marcaron profundamente y me enseñaron a mirar la ciudad de otra manera. Empecé a preguntarme por qué algunos barrios logran consolidarse y generar oportunidades para sus habitantes mientras otros permanecen aislados y vulnerables. Esa búsqueda terminó convirtiéndose en el eje de mi trabajo académico y profesional.

Después de décadas estudiando vivienda social y asentamientos informales, ¿cómo evalúa la situación de Chile hoy?

Chile tiene una trayectoria muy rica en políticas de vivienda y hábitat. En muchos aspectos hemos sido referentes para América Latina. Hemos desarrollado programas innovadores y hemos aprendido mucho de nuestros propios errores.

Sin embargo, hoy enfrentamos desafíos complejos. Uno de ellos es el resurgimiento de los asentamientos informales, algo que pensábamos haber logrado reducir de manera importante. Es un fenómeno que requiere una mirada cuidadosa, porque involucra problemas de acceso a la vivienda, regulación del suelo, integración urbana y, en algunos casos puede llegar a involucrar fenómenos asociados al crimen organizado.

Por eso el desafío ya no es solo construir viviendas, sino avanzar hacia soluciones integrales que incorporen dimensiones sociales, comunitarias y urbanas.

En sus investigaciones ha estudiado la relación entre ciudad y seguridad. ¿Qué le preocupa hoy de nuestras ciudades?

Me preocupa que nos estemos acostumbrando a vivir con niveles de inseguridad que no deberían parecernos normales. Cuando uno viaja y observa otras ciudades, descubre que muchas cosas que damos por inevitables no lo son. La posibilidad de caminar tranquilo por la calle, de que los niños jueguen en espacios públicos o de confiar en quienes comparten la ciudad con nosotros son elementos fundamentales para la vida urbana.

Las ciudades necesitan espacios de encuentro. Por eso me preocupa cuando las soluciones pasan exclusivamente por encerrarnos detrás de muros o en condominios cerrados. Entiendo perfectamente por qué ocurre, pero también creo que debemos pensar en espacios colectivos seguros, visibles e integrados que permitan reconstruir confianza y convivencia.

¿Qué significa recibir el Premio Abdón Cifuentes 2026?

Me siento muy contenta y agradecida. No lo esperaba. También me gusta pensar que este reconocimiento valora una forma de hacer academia que busca generar impacto más allá de la universidad. A veces existe la idea de que trabajar cerca de las políticas públicas es alejarse de la academia más tradicional. Yo no lo veo así.

La academia me encanta precisamente porque permite desarrollar ideas, investigar y formar personas, pero también porque ofrece la posibilidad de aportar a desafíos que importan y que pueden mejorar la vida de otros. Que eso sea reconocido es algo que valoro profundamente.

¿Cuál cree que es el rol que debe cumplir una universidad como la UC en la sociedad?

Vivimos un momento de múltiples crisis: sociales, políticas, ambientales y de confianza. En ese contexto, las universidades tienen una responsabilidad enorme. La formación de profesionales de excelencia sigue siendo fundamental, pero también lo son la investigación y la vinculación con la sociedad. Me parece especialmente valioso que en Chile exista una tradición de diálogo entre academia y políticas públicas que en otros países no siempre se observa.

La universidad no puede limitarse a generar conocimiento para sí misma. Tiene que contribuir a comprender los problemas del país y ayudar a construir soluciones. Esa conexión con la realidad es indispensable.

 

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